Con las luces apagadas

Delfina llevó a su hijo al psicólogo, pues éste mojaba la cama por lo menos una vez a la semana.

– Haber cuénteme señora ¿qué problemas tiene el muchacho? Dijo el especialista.

– Nada doctor, solamente lo que ya le había comentado por teléfono. Respondió la mujer.

– ¿Podría conversar con Iker unos minutos a solas por favor?

– Por supuesto, para eso estamos aquí. Responde a todas las preguntas que te haga este señor hijito, sólo así te curarás. Diciendo esto, Delfina abandonó el consultorio.

– Ahora sí Iker cuéntame qué es lo que te pasa. ¿Tienes problemas en la escuela?, ¿Alguno de tus compañeros te golpea? ¿Tus padres discuten frecuentemente?

– No quiero hablar con usted. Me da pena que un extraño se entere de que siento miedo con las luces apagadas. Replicó el infante.

– ¿Tienes miedo? ¿Cómo de qué? ¿Es un monstruo acaso? Mira, en primer lugar puedes estar seguro de que jamás me burlaría de ti, ya que tengo una hija de tu misma edad y ella le tenía miedo a un monstruo que supuestamente vivía en el baúl de sus juguetes. ¿Sabes qué fue lo que hicimos para solucionar el problema?

– No ¿qué? El niño preguntó con una sonrisa en los labios.

– Muy sencillo, abrimos el baúl con las luces apagadas y revisamos todo el lugar para que Erika se diera cuenta de que los monstruos únicamente existen en los cuentos de terror.

– De acuerdo, pero a ella se le aparecía el monstruo en un lugar específico, más a mí me sigue a todos lados, cuando el sitio donde estoy se queda a oscuras.

– Si quieres podemos hacer una prueba ahora mismo. Apagaré la luz y verás cómo nada sucede.

El consultorio quedó en penumbras y de pronto se escucharon varios bramidos. El doctor quedó perplejo al ver como un minotauro de más de 2 m de estatura, estaba parado frente a él con actitud amenazadora. Pudo verlo gracias a que los ojos de la criatura brillaban como dos trozos de carbón incandescente.

Encendió la luz y exclamó:

– ¡Lo ves! No pasó nada. Dile a tu mamá que pase por favor.

– Señora su hijo está curado, ya no es necesario que vuelva.

– Perfecto doctor ¿cuánto le debemos?

– No es nada. Que le vaya muy bien.

Inmediatamente después de que Delfina e Iker salieran del consultorio, el doctor se tomó la cabeza y dijo en voz alta:

– ¡Caramba! Nunca pensé volver a ver un monstruo desde que vi aquella cosa en el baúl de Erika.

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  • randy 18 Octubre, 2013, 15:15

    buuuu

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