Cuento de la muñeca embrujada

Sabrina visitaba las tiendas acompañada de su tía en busca de una tiara para el concurso de belleza de la escuela. En uno de tantos establecimientos, se encontraron con Cindy y su madre, esta chica había ganado la mayoría de las competencias del estado, y gustaba de burlarse de sus competidoras. Por supuesto no dejó pasar la oportunidad de arruinarle el rato a Sabrina, sobre todo porque esta última no tenía posición económica para igualar todo lo que la madre de Cindy estaba comprando.

Después de tan desagradable acercamiento, Sabrina se puso muy triste. Sin embargo, la tía le dio ánimos al llevarla donde un anticuario para adquirir una hermosa tiara que se exhibía en el aparador. La mujer intentaba intercambiar un valioso relicario por la diadema y mientras hablaba con el encargado, la niña curioseaba en la tienda.

Hurgando por aquí y por allá, se encontró con una muñeca de su misma estatura. El hermoso vestido que llevaba, distraía la atención de su rubia y rizada cabellera que era también espectacular. Sin embargo, el rostro lucia algo dañado, agrietado, como si el paso del tiempo la hubiese envejecido igual que a los humanos.

La niña siguió observando cada detalle, el atuendo de la mona era más que perfecto para el concurso, así que intentó quitárselo, pero la muñeca le tomó de la mano, giró la cabeza, incorporándose rápidamente para perseguirla pues tras aquel tremendo susto, Sabrina ya estaba echando carrera.

El viejo de la tienda se puso furioso, por fortuna no se había roto nada. La tía pidió disculpas, y se marchó detrás de la niña. Tras mucho conversar, Sabrina no reveló nada de lo ocurrido, solo le pidió a la tía llevarla al siguiente día al mismo lugar para pedir disculpas y así lo hicieron. Sin embargo, estando ahí, la niña quiso entrar sola.

Como había prometido, se disculpó con el hombre, además, trajo un relicario igual al de la tía pero que pertenecía a su madre, era suficiente para intercambiarlo por lo que quería, solo que no fue la tiara, sino la muñeca. Le pidió al encargado que la enviara a su casa, pues no quería maltratarla en el camino, solo que la dirección que dejó no era la suya, sino la de Cindy.

Lo único que lamento Sabrina, fue no ver la cara de Cindy al recibir aquella muñeca embrujada.


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