Historia de un fin de semana

Las chicas habían aprovechado los días sin clases para reunirse en casa de Cristina, y pasar un rato agradable juntas.

Planearon pasar todo el tiempo posible en la piscina, pero se aburrieron pronto. Vieron televisión, se maquillaron, hablaron, y apenas era el atardecer del primer día. Parecía que no encontrarían que hacer en la noche cuando la madre de Cristina se fuera a trabajar y quedaran solas, porque su padre estaba de viaje.

Sin embargo, en un apagón, aprovecharon para asustarse unas a otras. Por supuesto, la dueña de la casa tenía ventaja, ella sabía muy bien donde esconderse, o como sorprenderlas mientras las otras se movían torpemente en la oscuridad. Cristina saltaba desde los rincones, salía gritando a sus espaldas, o les tocaba los pies.

Aquello se convirtió en una escandalera, lo único que se escuchaban eran gritos y después risas, parecía bastante cómico tener miedo, sabiendo que ellas mismas estaban provocándolo todo.

Cuando volvió la luz, no podían contener las carcajadas, se burlaban de las reacciones que habían tenido, y en verdad se estaban divirtiendo, mientras preparaban unos sándwiches para la cena. Cuando tuvieron la comida lista, caminaron a la habitación en la segunda planta. A mitad de la escalera, notaron que la luz de la cocina se apagó, en unos segundos también la del salón, y así una a una todas a su alrededor, en ese momento sintieron algo de nervios, los cuales aumentaron aun mas, cuando frente a ellas, al final de la escalera, vieron una chica desconocida, pálida y arrastrándose por el suelo como araña sin patas, y con una voz tenebrosa les dijo: —No sé por qué volvió la luz… ¡nos estábamos divirtiendo tanto!, pero es tiempo de seguir jugando —dicho esto, se apagó la última luz, las chicas se fundieron en un único grito y la extraña niña fantasmas se siguió divirtiendo, teniéndolas para sí, en la oscuridad absoluta.


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