La embarcación de Jonás

Existen cientos de historias y leyendas que la gente asegura que han ocurrido en el mar. Sin embargo, muy pocas se han llegado a corroborar fehacientemente. Jonás era un pescador que todos los días se adentraba en el mar, buscando los mejores especímenes.

En ocasiones, la suerte le sonreía, sus redes al atardecer estaban llenas de provisiones. No obstante, había veces que no picaba ni un solo pez. Faustino, uno de sus amigos más cercanos, le comentó mientras sostenían una amena charla:

– ¿Por qué no vas a pescar al Callo del Diablo? Dicen que ahí se sacan toneladas de peces. Yo te lo digo solamente porque me has platicado que en ocasiones obtienes muy poco dinero con la venta de tu mercancía.

– Lo he pensado, pero recuerda lo que le pasó a Alan, el último pescador que fue a esa zona.

– Eso es sólo un mito. El Kraken no existe, esas son cosas que inventa la gente para que sientas miedo.

– La verdad es que si tengo un poco de temor cuando pienso en esa criatura y en lo que dicen que les hace a quienes caen en sus garras. Sin embargo, no puedo negar que la curiosidad me invade. Creo que tienes razón, iré para allá.

Dicho y hecho. Esa misma tarde Jonás se embarcó con dirección al Callo del Diablo. Las aguas de aquel lugar le llamaban la atención, ya que estaban totalmente incólumes, es decir, pacientes como si esperaran que una tragedia se avecinara.

– ¡Por qué perturbas mi sueño! ¡Que no sabes que no puedes estar aquí! – Se escuchó una voz que venía desde las profundidades del mar.

Jonás tomó uno de sus cuchillos y se preparó para el ataque. Mas no pudo hacer nada, pues quedó paralizado al ver como un enorme tentáculo se posaba sobre la cubierta de su barco.

En segundos, la embarcación quedó cubierta por los apéndices del monstruo. Los mástiles, se fueron rompiendo como si fueran meros mondadientes, empujando a la nave hacia el fondo del mar.

Entonces Jonás se arrodilló pidiendo clemencia, aunque no consiguió ni la más mínima piedad por parte de la bestia. El sol fue testigo de cómo las fauces del Kraken lo devoraban. Se hizo un silencio sepulcral y todo volvió a la normalidad.

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