La piscina

A Nicolás le encantaba hacer ejercicio los fines de semana, aseguraba que no existía ninguna cosa más revitalizante en el mundo que nadar unas cuantas horas. Como siempre fue de los primeros en llegar al deportivo, se dirigió a los vestidores y rápidamente cambió su atuendo por la ropa de baño.

Fue hacia la alberca y percibió un olor extraño en el ambiente. Mientras más se aproximaba a la piscina, el olor se hacía más penetrante. Miró al agua y notó como ésta se encontraba de un tono grisáceo.

– Esto es muy raro. Es muy tarde para que no haya limpiado esta zona. Pensó.

Lo más extraño aún, era que tampoco su instructor se encontraba presente en el lugar.

Caminó hasta donde estaba la recepción en busca de informes. Sin embargo, no tuvo éxito, aquel sitio también se hallaba desierto.

– Bueno, no importa, por lo menos me zambulliré un ratito con el fin de relajarme. Regresó a la piscina, sólo que esta vez dentro de ella se hallaba el cuerpo sin vida del instructor. Me atrevo a decir esto, ya que su piel estaba completamente de color morado y sus ojos tenían hemorragias petequiales, tal y como ocurre durante un estrangulamiento.

En lugar de salir corriendo del deportivo, Nicolás acudió a ayudar a ese individuo. Sin prestarle atención a los síntomas funestos anteriormente mencionados, se arrojó a la alberca para poderlo sacar y brindarle los primeros auxilios.

Con ambos brazos lo sujetó y lo arrojó fuera de la piscina. Sin embargo, antes de que pudiera salir algo lo empujó hasta el fondo.

Aquello era como si una mano lo tomara del tobillo y lo jalara hacia abajo. Mientras luchaba con fuerza para llegar a la orilla, un par de brazos comenzó a estrangularlo.

Por más esfuerzos que hacía para ver quién era su agresor, lo único que veía al voltear la cara eran justamente parte de esas extremidades. Pero solo eso, no había ninguna persona detrás de él.

Después de unos segundos de luz intensa, Nicolás comenzó a escupir sangre por la boca mientras sentía como uno de sus pulmones era perforado lentamente por aquella entidad sobrenatural.

Al cabo de unos minutos finalmente el hombre dejó de luchar, aunque no por ello dejó de sufrir, ya que agonizaba al mismo tiempo que sus vísceras abandonaban su estómago. Hay quien dice que fue el terror lo que acabó con su vida.


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