La premonición

Edmundo se encontraba en una calle oscura, súbitamente se vio acorralado por un grupo interminable de monstruos. Eran de todos tamaños y colores. Algunos tenían garras cual cuchillos, mientras que otros sacaban fuego por la boca.

Muerto de miedo y sabiendo que pronto exhalaría su último aliento, el joven se tiró al piso a la espera de lo inevitable. Increíblemente, antes de que eso aconteciera, Edmundo despertó empapado en sudor, estaba en su dormitorio.

– ¡Vaya, fue sólo una pesadilla! Nunca había sentido tanto terror. Pensó.

Tomó el teléfono y le relató todo el asunto a su novia, quien le comentó:

– Pues debes de tener cuidado con eso, en una ocasión vi en televisión como un especialista comentaba que en ocasiones los sueños son presentimientos de cosas que nos pueden llegar a suceder. Por favor, no hagas nada fuera de la rutina.

– Si descuida, solamente voy a ir a pastelería de la esquina a comprar unas rosquillas y una taza de chocolate.

Edmundo tomó su cartera y sus llaves y se dispuso a salir de su apartamento. No bien había cruzado la puerta del edificio, cuando observó como un grupo de maleantes despojaba de su bolsa una anciana.

– ¡Devuélvanle eso a la señora! Gritó.

Enseguida uno de los delincuentes se detuvo y mirando fijamente al chico le dijo:

– ¿Quién lo va a impedir? ¿Tú? No sabes con quién te metes, mejor regrésate por donde viniste.

Ignorando rotundamente dicha advertencia, el mundo se abalanzó sobre él y de un tirón le arrancó la bolsa al malhechor. Al ver esto, sus demás compañeros corrieron en su auxilio, sujetando al muchacho y llevándolo hasta un callejón oscuro donde primero lo golpearon y luego empezaron a apuñalarlo con sus navajas.

La sangre salía a borbotones del pecho del joven quien para esas alturas se encontraba en estado de shock. Sin embargo, su mente comenzó a relacionar ese incidente con lo que había soñado la noche anterior. Efectivamente, su subconsciente le mostró cómo iba a morir, aunque desafortunadamente él no le hizo caso a esa premonición.

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