Leyenda de la muñeca Okiku

Las muñecas ocupan un lugar muy importante en el gusto de las personas, son el juguete favorito en la infancia, y para los adultos, un objeto de colección muy apreciado. Sin embargo, no solamente sirven como elemento de adoración o diversión, pues a muchas de ellas se les relaciona con eventos sobrenaturales. En esta ocasión, nos referimos específicamente a Okiku, una muñeca japonesa a la cual le crece el cabello.

Okiku medía alrededor de cuarenta centímetros, llevaba un kimono tradicional japonés, en su pálido rostro de porcelana, tenía dos oscuros e inquietantes ojos negros, mismo color en su cabello y este lucía un corte hasta los hombros, de manera muy tradicional.

La muñeca llegó a la familia Suzuki en 1918, cuando Eikichi la compró en Sapporo para regalarla a su hermana de 2 años Kikuko. La niña la tomó como algo más que una amiga, no le parecía un juguete, se encariñó fácilmente y no se apartaban jamás. Aquel regalo fue inolvidable.

Un año más tarde, la salud de la niña iba en decadencia, y esto, solo afianzó la relación con la muñeca, Kikuko la colocaba a su lado, compartiendo la almohada y la covalencia, pues a pesar de tener tan solo tres años, la pequeña estaba muriendo, y solo compartía sus miedos con la compañera de cama, hablándole en secreto cuando los demás dormían, y el silencio de la noche se veía interrumpido por el tétrico chillido del viento.

La nena de la casa murió al poco tiempo. No fue una situación fácil, le dieron sepultura y colocaron la muñeca en un altar honrando el recuerdo de la niña. Okiku, permanecía en una estantería, mirando al frente, inerte, quieta, fría. Pero no pasó mucho tiempo hasta que la desconsolada familia comenzó a notar un extraño crecimiento en el cabello del juguete. Inmediatamente supusieron que el alma de su hija habitaba aquel objeto, debido a la conexión tan fuerte que ambas tuvieron. Así que la madre le atendía con devoción, incluso cortando su cabello cuando estaba ya muy largo.

En 1939, debido a la Segunda Guerra Mundial, la familia debió trasladarse a isla de Sajalín, tomando la triste decisión de no llevar con ellos a Okiku, pero manteniendo en todo momento el respeto hacia el alma de su hija, le consiguieron lugar en el templo Mannenji, en la ciudad de Iwamizawa, Japón. Sitio en el cual permanece hasta el día de hoy cuidada por los sacerdotes, quienes se encargan incluso de cortarle el cabello cuando ha crecido hasta sus rodillas.

Los monjes en el templo también comparten la idea de que un espíritu habita dentro del muñeca, por eso la tratan con sumo respeto, ya que no quieren despertar algún tipo de ira.

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  • america michelle garcia sanchez 7 noviembre, 2016, 16:37

    quee miedo

  • america michelle garcia sanchez 7 noviembre, 2016, 16:41

    EL CALLEJON DEL BESO
    Habia una vez se dice la leyenda que en guanajuato silao ay un cerro donde las parejas se podian besar nomas caben 2 personas no mas de 3 o ni 3 namas 2 persona para estar solos

  • Vivi 8 noviembre, 2016, 20:10

    Hola como están todos jaja ji ji ji

  • Malena lujan castillo 21 enero, 2017, 21:05

    Que aterrador seria que pase eso en tu familia,y yo que pense que en japón era todo kawaii(bueno,todo no..)

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