Leyenda del pueblo de los marcados

Seguimos con nuevas leyendas cortas, en esta ocasión es una leyenda titulada “Leyenda del pueblo de los marcados”, esperamos sea de su agrado. Hubo un tiempo en la historia de la humanidad, en el cual los castigos por faltas cometidas eran brutales, violentos en demasía, cuestión que, en lugar de ayudar a mejorar la situación de la sociedad, la hundía en decadencia, esperando con ansia el momento de ver sufrir al prójimo, ya fuese colgado, quemado en la hoguera, decapitado o cualquier otro “castigo ejemplar” que surgiera de las mentes más perversas.

Parecía aquello más bien un espectáculo, la gente vivía sedienta de sangre, acusando hasta sus propios hijos de algún crimen, si es que no aparecía pronto otro incauto a quien mandar a la tortura. Así fue entonces, que, sin pensar en nada, a una mujer sin corazón ni escrúpulos, se le ocurrió acusar de brujería a una pobre anciana, una señora que por azares del destino había perdido su mano derecha, y lo hacía todo con la izquierda, “la mano siniestra“.

Cuando los oficiales fueron por la viejecita, esta no opuso resistencia, hizo lo que le pedían de forma calmada, escuchó la acusación, y no tuvo forma de negarlo, excepto la parte de ser bruja, pues ella era una mujer trabajadora, todo lo conseguía de esa manera, no se metía con nadie y vivía de la mejor forma posible gracias a su esfuerzo. Pero, la mente podrida de sus acusadores no salía del argumento principal de que ella debía ser una discípula del demonio porque utilizaba la mano maldita.

Llegó entonces hasta la hoguera, alzó la mirada al cielo, y dejándose consumir por la llamas no emitió sonido alguno, tan solo el crujir de su piel al quemarse inundaba las frecuencias sonoras. Los mirones estaban decepcionados, en ningún momento se vio a la mujer sufrir, tener miedo, mucho menos rogar por su vida como lo hacían todos. Ella murió dignamente, con la cabeza en alto y toda la paz del mundo.

Aunque su muerte no fue un gran espectáculo para la gente del pueblo, si lo fue para un testigo poco común, uno que estaba en primera fila, observando detenidamente, esperando salvar a aquella que habían nombrado parte de su familia, sin embargo, Satanás no la reconocía como hija, jamás había volteado si quiera a verla, hasta ese día en que su cuerpo ardió convirtiéndose en cenizas. Entonces el señor de las tinieblas se acercó, hablando directamente con su alma, le ofrecía poder, venganza, odio… cosas que en realidad a ella no le interesaban, así que declinó su oferta amablemente, nuevamente sin ningún temor de estar frente al príncipe del averno.

Tras aquella platica tan extraña, el Diablo se sentía lleno de paz, no tenía ningún tipo de sentimiento de esos que regularmente le mueven, solo quería terminar su día de trabajo y marcharse nuevamente al infierno. Sin embargo, esto no hablaba bien de su posición, se había corrido la voz de que ella era su aprendiz, así que era necesario conservar las apariencias. Se metió dentro del cadáver calcinado, y lo hizo arder aún más, envuelto el fuego se abrió paso, y con una cadena también en llamas, fue arrancando en un solo movimiento las manos derechas de todos los mirones.

Leyenda del pueblo de los marcados

Solo unas cuantas personas se salvaron de este destino, las que no estaban presentes ese día en la ejecución de la señora, y es que era realmente muy sencillo separar a las buenas de las malas personas, las buenas estaban en su casa, alejándose de tan horrendas prácticas, las malas, se peleaban por presenciar más de cerca la horrible muerte de un ser inocente. Así, ya tenía a las personas de esa villa marcadas, el día que necesitara un alma que atormentar, no necesitaría buscarla.


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