Sucedió en la Habana

Carlos Manuel un amigo muy querido me invitó a visitarlo en su residencia de Cuba. Sin embargo, yo nunca me he sentido cómodo viviendo en domicilios ajenos durante mis vacaciones, ya que no me gusta incomodar a las personas.

Por ese motivo, me puse a buscar en internet opciones de chollos de viajes que me permitieran asistir a ese sitio caribeño, pero sin comprometer mi presupuesto de €1000.

Luego de mucho indagar encontré un paquete por el que solamente tendría que pagar €777 y me permitiría estar en aquel paradisiaco lugar por cinco noches.

Las imágenes del hotel me indicaban que se trataba de un establecimiento acogedor y elegante. Además, el vuelo de ida y vuelta ya estaba incluido en esa tarifa.

Sin más que hacer, tomé hice mi maleta, preparé la documentación necesaria y adquirí mis boletos electrónicamente.

Al bajar del avión, sentí muchísimo calor, dado que no estoy acostumbrado a esas temperaturas tan altas. Tomé un taxi y me sorprendió ver que era un automóvil antiguo. El conductor me explico que eso se debía a que los automóviles que circulan en la Habana datan de la época en la que los Estados Unidos todavía tenían injerencia en esa isla.

Le indiqué al chofer la ubicación del hotel, no obstante, el sujeto se quedó reflexionando y me dijo:

– Chico, probablemente estés confundido. En el lugar que me dices solamente hay un cementerio.

– ¿Qué? Ahora mismo rectificaré el dato. Le dije.

Saqué mi teléfono móvil e intenté ingresar a zorrodelahorro.com.mx pero no había cobertura.

– No puedo verificar la información que le dije, tal parece que no hay red.

– Descuida, que llevaré hasta allá para mostrarte que lo que te he dicho es verdad. Me contestó el chofer.

Llegamos y en efecto solamente se podían ver algunas tumbas olvidadas por el paso del tiempo. Al ver eso, le pedí al conductor que me regresara al aeropuerto.

Antes de llegar el guía me platicó una leyenda cubana que involucraba a ese panteón. Sucede que hacía más de 100 años una joven novia había sido enterrada viva, pues su marido deseaba quedarse con su fortuna.

Lo asombroso es que según este señor, la chica busca a un extranjero que la despose. Dichosamente yo no fui el elegido.

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