Una cita escalofriante

Jamás había creído en eso que la gente llama amor a primera vista, honestamente aquello me parecía una reverenda tontería. Sin embargo, un día al salir del trabajo y tomar el acostumbrado camión que me llevaba a casa observé con detenimiento a una joven que se sentó junto a mí.

No podía apartar la mirada de su rostro, ya que su cara me parecía muy conocida, la había visto cientos de veces en mis sueños. En pocas palabras, se trataba de mi ideal de mujer, su rostro, su piel (un poco pálida), su cabello, sus ojos, su sonrisa; todo en ella era perfecto.

Sin pensarlo, le pregunté un tanto nervioso:

– ¿Cómo te llamas?

– Mi nombre es Deborah ¿y el tuyo?

– Mucho gusto, soy Isaac. Lo siento pero tengo que decírtelo, tienes una mirada preciosa.

Ella rió y sacó una pequeña libreta de su bolso, escribió algo y después me dio el papel en mi mano.

Se trataba nada más y nada menos que de su número telefónico. Se despidió de mí dándome un beso en la mejilla y bajó del transporte.

Todavía incrédulo de lo sucedido llegue a mi casa. Esa noche no pude dormir, sólo pensaba en ella. A la mañana siguiente le llamé y quedamos de vernos para cenar en su casa.

Me puse mi mejor traje y fui hacia allá. Se me hizo raro que todas las casas en ese vecindario estuvieran deterioradas, a excepción de la suya. No obstante, no le di importancia al asunto. Llamé a la puerta y ella abrió rápidamente.

Sus ojos azules y su cutis de porcelana me tenían hipnotizado. Antes de entrar me pidió un favor:

– ¿Puedes ir a la tienda? Es que estoy vigilando el asado y se me olvidó comprar el queso.

– Claro, enseguida.

Me pareció ver un supermercado de 24 horas en la esquina. Me dirigí hacia ella y le dije al dependiente:

– ¡Cóbreme esto!

– ¿Cuál es la prisa joven?

– Una bella chica está esperándome para cenar en la casa de allá.

– ¡Ay muchacho, estás loco! En ese lugar no vive nadie desde hace mucho tiempo. Es decir, desde que mataron a la hija de la dueña. La señora perdió la razón y el lugar quedó abandonado.

Salí del establecimiento y vi con terror como aquella construcción se había modificado. Ahora lo único que quedaba en pie era parte de la fachada. En la vida regresé a ese sitio maldito.


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